mailto:cronicas@isa.isa.com.uy UN SIGLO DE HISTORIA ENTRE MICROFONOS Un día terminó la soledad y el mundo despertó con la magia de la radio. La radiodifusión propiamente dicha aparece en el mundo cuando se perfilaban los... http://lsa.lsa.com.uy/cronicas/951103/radio.html - size 15K - 4 Nov 95 Año 15 - Nº 723 - 3 de noviembre de 1995 Edicion Internet Nº 5 Un día terminó la soledad y el mundo despertó con la magia de la radio La radiodifusión propiamente dicha aparece en el mundo cuando se perfilaban los locos años 20. Era algo así como una adaptación de la electricidad, gracias a los inventos que se habían llevado a cabo medio siglo antes. Cuando terminaba el siglo pasado, ya existían quienes habían hecho experimentos en radio a través del telégrafo que precede en 50 años el comienzo de la radio. Y hasta ese momento, el único medio de comunicación que conocía la humanidad era la prensa. Cien años antes, nadie hubiera imaginado que un aparatito pudiera decir tantas cosas, conocer tantas culturas y lograr la comunicación de un mundo a otro. Las primeras experiencias radiofónicas pertenecen a Guglielmo Marconi, un italiano inquieto por el mundo de la física, que en 1896 demostró al planeta la capacidad de mandar una señal electromagnética. Para ello, tomó los descubrimientos de Heinrich Hertz, que había afirmado que las ondas se prolongaban a una velocidad electromagnética aproximada a la velocidad de la luz. Es por eso que hace cien años, Marconi sentó las bases de la radiofonía. Omar De Feo, en su libro "Los locos de la azotea", relata un ejemplo. Un pedido de auxilio lanzado en 1899 por un barco que naufragaba en el Canal de la Mancha permite salvar muchas vidas al ser captado por una estación costera ubicada a decenas de kilómetros. Ya en 1907, el norteamericano Alexander Lee de Forest inventa la válvula, que permite modular las ondas de radio que se reciben y crear ondas de alta potencia en la transmisión. Sin lugar a dudas, un paso decisivo para el nacimiento de la radio... Un año después, y de la mano de Lee de Forest, salió al aire una de las primeras emisiones desde la Tour Eiffel. No se trataba de una transmisión cotidiana y tampoco era recibida a nivel masivo. Y en poco tiempo llegaría la Primera Guerra Mundial, que determinaba un flujo enorme de información, y por consiguiente, la demanda de nuevos aparatos. Avidos de penetrar en el mundo de la radio, y sobre todo, ávidos de llenar sus bolsillos, los norteamericanos se prepararon para este gran desafío. Surgen entonces dos empresas de comunicaciones conocidas como la American Telegraph and Telephone (AT&T) y la Radio Corporation of America (RCA). El año 1917 también tuvo lo suyo, ya que empiezan a fabricarse nuevas radios, con un mejor nivel de sintonía. Para esa fecha, Estados Unidos ya contaba con 8.500 radioaficionados y 200.000 receptores. Un episodio importante fue el que protagonizó en 1920, el Daily Mail. Interesado por las cuestiones radiofónicas, el periódico de Estados Unidos organiza un concierto público. Y gracias a las experiencias de Marconi esperaba que se escuchara en las islas de Gran Bretaña. Sin embargo, ¡oh sorpresa!, el concierto llegó a escucharse en Noruega. El 2 de noviembre de 1920 fue la fecha decisiva, ya que se crea la estación KDKA, la primera emisión cotidiana bajo la dirección de Franz Conrad. Y arrancaron nada menos que con las elecciones de Estados Unidos de ese año. KDKA se convirtió en la primera radioemisora, levantada por la Westinghouse en la casa de su empleado Fred Conrad. Y la radio llegó a Uruguay... Fue preciso que pasara un tiempo prudencial para que los seres humanos cayeran en la cuenta de que un medio de comunicación había nacido. El mundo despertó a los avances de la radio, recién cuando ésta se convirtió en un medio básicamente informativo. Y fundamentalmente para un público que, día a día, estaba ávido de noticias del exterior. Montevideo no fue la excepción a esta regla. Sin embargo, por los años 20, había quienes seguían de cerca los inventos que se venían desarrollando desde finales del siglo XIX. Fue el caso de Claudio Sapelli y Emilio Elena, los precursores de la radio en nuestro país. Trabajaban en General Electric y conocían a ciencia cierta todos los avances que se estaban llevando a cabo en Estados Unidos. Entonces Sapelli, ni corto ni perezoso, escribió una carta a Lee de Forest pidiéndole una de aquellas válvulas, que se convirtió en el punto de partida para las transmisiones de la General Electric, la que se convertiría en CX 14 El Espectador. Trasmitían desde la azotea del Hotel Urquiza. De allí surgió eso de "los locos de la azotea que De Feo relata en su libro": "...Cuando oí hablar por primera vez de los locos de la azotea creí que se trataba de una de las leyendas que adornaban el nacimiento de la radio en el Uruguay, veinte años antes de mi ingreso a Radio Carve", cuenta Omar De Feo. "Acepté con agrado la versión porque armonizaba con la fantasía que desde niño me había forjado sobre el mundo de la radio. Después supe que era una historia verdadera tan cautivadora como la leyenda (...)". El 6 de noviembre de 1922, se inauguró la primera emisora comercial uruguaya, la que se llamó Radio Paradizábal. Y José Batlle y Ordóñez no dudó en utilizarla con fines políticos. Su discurso se convirtió nada menos que en el primero emitido por radio en la historia del país. Eran años de cambio y Uruguay podía jactarse de haber logrado que la radio fuera un hecho. De Feo cuenta también que era la época del "sombrero de paja, del cuello duro, de los pantalones Oxford y las polainas de los hombres; de la melenita, el corte a la garçon de las mujeres que se emancipan y fuman cigarrillos con boquilla larga, de los trajes de baño de una pieza y de los baños separados en Ramírez y Pocitos, de los paseos domingueros al Prado o a Capurro y las excursiones en ómnibus a Carrasco, la época del Charleston, de Josephine Baker, de Garufa o Mamá yo quiero un novio". Y a partir de entonces, empezó a ser la época de la radio. Y de una radio creativa, porque todo, absolutamente todo, era en vivo. Una referencia fueron los radioteatros, con toda la magia que implica su confección. No existían discos láser con efectos de sonido... Había que hacerlos en el momento y con los materiales que encontraban. Para recrear pasos, había quienes caminaban cerca del micrófono; para sentir la sensación de un beso, más de uno se lo dio a su compañera... Todos hacían de todo, leían el libreto y recreaban situaciones. Muchos recuerdan a Humberto Nazzari, a Tito Serrano e Isolina Núñez. En CX 26 SODRE, aún se puede ver la utilería, que conserva en un modesto salón, embriagado de recuerdos. En 1927 la radio conquista la primera transmisión en directo sobre la llegada de Limbert, que trasmitieron las cadenas CBS y NBC. Fue en este momento que comienza la verdadera rivalidad entre radio y prensa que en cierta forma, aún perdura. Y así, con anécdotas, se fue escribiendo la historia de la radiodifusión en nuestro país. Su esplendor lo alcanzó entre los años 40 y los años 70, sobre todo desde los estudios de Radio Ariel, donde Benito Nardone y Luis Batlle Berres hicieron públicas sus ideas. Más allá de las especulaciones, la radio sigue en pie y sigue siendo un referente importante de noticias para gran parte de los uruguayos. "UN MUNDO SIN RADIO ES COMO UN GRAN SILENCIO Y UNA GRAN OSCURIDAD" María Celia Fontaina, "Chelita" para muchos, es tal vez uno de los referentes más directos de la radio en el Uruguay. Quizás por su condición de presidenta de la Asociación Nacional de Broadcasters Uruguayos (ANDEBU), quizás por ser la hija de uno de los pioneros de la radio. O tal vez por su amor y dedicación a la profesión... una profesión que vio de cerca y que supo entenderla antes aún de aprender a hablar. Para ella, estos cien años no han pasado en vano. "Se trata de cien años de ese maestro, ese pionero, ese visionario que fue Guillermo Marconi". Y ante esto, no puede disimular su inquietud, sus ganas de haber vivido lo que vivió su padre, allá por los años 20. Y a pesar de todo, no logra imaginarse un mundo sin radio. "He tratado de imaginarme cómo era antes, cuando las distancias eran insalvables, por barco, a vapor, a caballo, de las maneras más inconcebibles, cómo era que se podían realizar las comunicaciones. Y realmente yo nací algunos años menos que cien. Es muy difícil imaginárselo. Lo que se me ocurre es que era un gran silencio" Bien sabe que los pueblos se comunicaban igual, "siempre establecieron relaciones y se mantuvieron vinculados. Pero me lo imagino románticamente como un gran silencio. Hoy en día damos por sentado lo que ya hemos tenido y lo que ya hemos mamado, aún a mi edad. Por eso, antes de Marconi, al mundo me lo imagino como oscuro y silencioso". Su vinculación a la radio estaba escrita. Y Chelita lo reconoce. "Yo me integré a la radio por familia. Mi padre fue uno de los pioneros de la radiotelefonía en el Uruguay, un hombre de gran entendimiento y luchador por valores democráticos, por postulados serios de lo que tiene que ser el periodismo en general, ya sea gráfico u oral, y eso también yo lo mamé". Aunque parezca increíble, los comienzos de "Chela" Fontaina fueron en la parte administrativa. "Pero claro que me encantaba el micrófono. Lo que pasa es que cuando uno resulta ser buen administrador, lo sientan detrás de un escritorio y no detrás de un micrófono". Recuerda que lo primero que hizo en radio "fue una cosita muy cortita, de unos cuatro o cinco minutos, que era una evocación, hacía toda la historia de un gran personaje, que podía ser un músico, un escritor, un pintor, alguien suficientemente conocido. Hacía la vida, la semblanza, su perfil y sólo al final decía quién había sido. No tengo la menor idea cuándo fue pero seguramente unos veinte años atrás". Celia Fontaina defiende la radio a muerte. Y está convencida que la partida de defunción está muy lejana. "Cuando a las radios de AM les apareció la televisión fue un gran susto, lo mismo cuando apareció la FM, pero es como el equilibrio de las masas, una vez que surge algo hay una gran erupción y después se equilibra todo en aquella santa paz que la misma naturaleza nos enseña". Y ahora es lo mismo. "Con las nuevas tecnologías modernísimas y loquísimas, evidentemente tienen otras condiciones que los medios tradicionales de difusión. No se sabe, pero probablemente después también se establezca esa paz". Dijo además que no tiene ninguna duda que la radio se consume más que la televisión. "La gente escucha radio mientras está en su casa, en el auto, en la calle. Hay una serie de situaciones donde se puede escuchar radio pero no se puede ver televisión". Agregó que "sería muy duro pensar que la radio no subsistiría por eso, o que los nuevos sistemas tecnológicos se impondrían totalmente sobre los sistemas que ya existen. Pero de cualquier manera creo en la vigencia de la radiodifusión", concluyó Celia Fontaina confiada en que la magia del micrófono no puede acabarse nunca. SIN LICENCIA PARA TRANSMITIR La radio fue también un antecedente directo a la Segunda Guerra Mundial, como forma de contrarrestar la resistencia nazi. Por la década del 40, empiezan a gestarse emisoras denominadas popularmente como "negras" y "blancas". Alemania tenía radios blancas; funcionaban en un marco de legalidad y transmitían las conveniencias del eje. Por otra parte, existían las radios negras, que no tenían un marco legal por detrás. Buscaban una libertad de emisión y no estaban permitidas. Más ilegales todavía eran las radios piratas, que actuaban sin licencia y surgen a partir de la década del 60. Esta modalidad radial rompió con ciertos moldes tradicionales de la radiodifusión. Usaban una estación del dial. La primera salió al aire en 1958 en Copenhague y se la identificó con la ruptura de las tradiciones. Pretendía romper también con las voces arraigadas y con los mismos mensajes. Generalmente, eran llevadas a cabo por profesionales desocupados en radio. En abril de 1960, la radio pirata que cobró más relevancia fue la llamada Veronique, una radio holandesa que trasmitía desde alta mar, aunque generalmente no tenía un gran alcance. Las radios piratas convivían con el peligro de ser captadas, ya que eran una amenaza para las empresas constituidas de radiodifusión. El 15 de agosto de 1967 surge en Inglaterra la primera prohibición de transmisión de radios piratas. Y recién en 1975 surge la primera represalia: muchas emisiones fueron acusadas de ser las radios de las brigadas rojas, cosa que en realidad no eran. Radio Alice de Italia, por ejemplo, fue clausurada por ser acusada de incitar a la violencia y anunciar una manifestación estudiantil. Lo paradójico es que comenzó como una radio pirata y terminó como una radio comercial, ya que Elton John y Rod Stewart contribuyeron económicamente para establecerla dentro de los marcos legales. En Uruguay, los tupamaros tuvieron experiencias en radios clandestinas. Tenían una posibilidad de acceso diferente a las realidades de otros países, ya que copaban los estudios de radio que ya existían y emitían desde allí. Estas prácticas constituyeron una gran contribución para la difusión de las ideas que, más tarde, quedaron completamente prohibidas y dieron paso a un estilo de radio que debía respetar las normas de la dictadura. Sin embargo, muchos conductores recuerdan las peripecias que debieron inventar para decir cosas o hablar de gente, que el gobierno de facto tenía en "la lista negra". Por diferentes circunstancias, la radio no siempre es bien atendida a nivel publicitario. Muchas empresas se inclinan para sus avisos en lo que Celia Fontaina denominó "eso más dramático que es la televisión. Pero la radio permanece". Y así lo confirma una encuesta realizada por ANDEBU, por la cual se ratifica el valor, la penetración, la fuerza de la radiodifusión en el Uruguay. La investigación volcó datos sorprendentes. Se constató que todos los hogares de Montevideo tienen receptores de radio y dos tercios de los mismos, más de uno. Se confirmó también que la mañana no es la hora del día de mayor audiencia radial. La tarde le gana por un buen margen. Por otra parte, se comprobó que el 93% de los autos que circulan por Montevideo tienen radio. Y en los días hábiles, entre las 8 y las 22 horas, en seis de cada diez automóviles se está escuchando. Otro de los beneficios de la radio es su movilidad, sobre todo gracias a la aparición del walkman. Sobre el total de la población de Montevideo, la encuesta registró que el 34% de la gente tiene un receptor con auriculares. La radio en cifras 905.520 personas consideran que la radio es el medio por el cual se informan primero. 645.330 consideran que la radio es el medio más confiable. 793.495 dicen que la radio influye sobre las costumbres de la gente. 798.581 piensan que influye sobre los hábitos. 869.792 opinan que la radio influye sobre las opiniones de la gente. Más allá de la elocuencia de las cifras, ANDEBU considera que es necesario valorar el impacto que la radio, como medio de comunicación, sigue teniendo. Aseguran que la radio sigue entreteniendo, acompañando e incluso conmoviendo. Por eso, la conclusión más estimulante y reveladora es que "la radio tiene quien la escuche". Retornar al índice ??